La jubilación: ¿es época de júbilo?, o ¿es la vejez a plazo fijo?

Reflexiones sobre la edad.
La jubilación¿es época de júbilo o ¿es la vejez a plazo fijo

Recuerdo mucho esta pregunta, que escuché de una persona que admiré mucho y de la que guardo entrañables recuerdos, a quién tuve la fortuna de conocer siendo colegas de trabajo, cuando yo tenía unos treinta y ocho años, edad en que sientes que todavía eres muy joven, pero que a la vez estás llegando a la madurez, consolidando tu carrera, tu familia, y toda la responsabilidad que implica hacer conciencia de ser un adulto.

En esos años, yo trabajaba como director legal de una empresa farmacéutica, en la que mi colega, era el director médico, quién independientemente de su profesión, tenía una cultura vastísima, yo diría renacentista, un don de gentes admirable, un carácter de lo más jovial, con el que se podían disfrutar largas y deliciosas charlas. Él era mucho mayor que yo, había llegado de España a México en los años cuarenta, huyendo de la dictadura franquista, en aquellos años en que la generosidad de nuestro país acogió a tantos refugiados que venían de Europa, escapando del fascismo y quienes, a su vez, le aportaron a México sus conocimientos en muchas ramas del saber en nuestras universidades:  derecho, medicina, arquitectura, filosofía y en tantas otras disciplinas.

Regreso al tema de la pregunta. Al principio de los años ochenta, me tocó, dentro de mis responsabilidades, contratar un plan de jubilaciones para la empresa, plan que beneficiaba a mi colega, que ya estaba próximo a cumplir los sesenta y cinco años, lo que me dio mucho gusto y alegría por él, por lo que lo entreviste para  explicarle el plan y darle la buena noticia, me vio con una muy amable sonrisa, me agradeció mucho y me dijo, “muchas gracias Eduardo, pero ¿no sé, si esto es motivo de júbilo, o el anuncio de una vejez  a plazo fijo?”, me lo dijo sin amargura, sino solamente con humor y como un tema filosófico. Evidentemente, de ahí surgió entre nosotros una muy profunda conversación sobre el sentido de su pregunta, ¿estamos ante una nueva etapa de nuestra vida, con otras oportunidades y vivencias por experimentar?, o ¿se nos ha declarado que somos viejos a partir de esa fecha y nuestra vida útil ha concluido?

La lección que aprendí de él y de esa charla, es que no hay vejez a plazo fijo, sino que está en nosotros mismos aprovechar las oportunidades que nos sigue dando la vida. Cuando él se jubiló, siguió dando conferencias, estudiando, regresando a su Valencia querida, y finalmente en un viaje que hizo a Perpignán, en el sur de Francia, que fue por donde comenzó su exilio en busca de la libertad, después de una agradable comida y charla con unos amigos, se fue a dormir apaciblemente y para siempre, pues ya no despertó. Lo que yo siempre consideré como un final feliz.

Seguramente todos hemos conocido a una persona así, en nuestra vida, de la que recibimos experiencias y que fueron un ejemplo a seguir. para mí, él lo fue en gran medida. Todo esto que narro aquí, tiene relación con mi experiencia personal, que me tomo la libertad de compartir en estas líneas. Cuando converse con mi amigo sobre este tema, él se estaba jubilando y yo tenía solo treinta y ocho años, por lo que la jubilación era un tema que estaba todavía para mí, en un horizonte muy lejano, era la época en que me acababa de casar con Maricarmen la compañera de mi vida, nacían mis hijos Armando y Pablo, estaba lleno de proyectos de vida, dejé de trabajar en la empresa farmacéutica, y trabajé por mi cuenta como litigante en derecho laboral, especialidad que siempre fue mi pasión desde mis años de estudiante, años en los que conviví como dirigente, en los sindicatos de aviación. Después, entré como director legal a una empresa transnacional, en la que tuve la responsabilidad para toda América Latina, empresa en la que colaboré por veinticinco años y, de repente, me alcanzo la realidad: había trabajado en ésta última, veinticinco años, tenía sesenta y siete años, y aún contra la voluntad de mis jefes, debía jubilarme el primero de enero del año 2010. Entonces, me tuve que responder la antigua pregunta: ¿debía de disfrutar esta etapa con júbilo y alegría?, o ¿debía reconocer que, oficialmente, yo ya había entrado en la vejez.?

Felizmente, no tuve que ir muy lejos por la respuesta, como mi amigo, decidí que había entrado en una nueva, bella, y alegre etapa de la vida, con una profesión consolidada, la oportunidad de dedicarme más libremente a la docencia del derecho, lo que ya venía haciendo los últimos años anteriores a mi jubilación, que tenía más tiempo para seguir estudiando, seguir jugando tenis, ver a mis hijos alcanzar sus sueños, poder colaborar con el proyecto, que con tanto esfuerzo y cariño, mi querido amigo Oscar y mi querido amigo Ricardo han hecho realidad con la fundación del reconocido despacho jurídico laboral De la Vega & Martínez Rojas, S.C., tener la oportunidad de convivir con gente joven, ver y disfrutar su desarrollo profesional y personal, en fin, es cierto, ya no soy joven, pero para mí, la vejez es un estado mental y anímico, al que no quiero llegar, solo sé que habrá un final, y hago todo lo posible para que este sea un final feliz.

A todos ustedes mis queridas y queridos amigos y colegas, también les quiero hacer la misma pregunta, cuando llegué la edad de jubilarse, ¿qué esperan, jubilo y alegría?, o ¿declararse oficialmente viejos?, o mejor dicho en términos de automóviles: convertirse en un modelo viejo o en un modelo clásico. Si aceptan un consejo les diría, disfruten la vida, constrúyanla con mucho amor, aprovechen las oportunidades que esta nos da, que valga la pena vivirla, y llevarla con alegría hasta un venturoso y feliz final.

Finalmente, citando al gran poeta Pablo Neruda, yo también, “Confieso que he vivido.”

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